Andrea Macaire de Bacle
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Por Natividad Marón
Andrea Macaire de Bacle fue una artista francesa activa, en Buenos Aires, entre 1828 y 1838. Su figura es relevante en la conformación del arte argentino, ya que fue la primera mujer artista que se desempeñó en un medio masculino para la época, como lo fue la litografía, desarrollando parte de la primera iconografía patriótica de difusión masiva y reflejando las costumbre y oficios de la ciudad. Su obra, poco estudiada, tiene valor no sólo en un nivel estético, sino también documental, y su acción como parte importante de Bacle & Cía, así como su interés por la formación y la educación, son cualidades que le otorgan una relevancia fundamental para su estudio en profundidad, por formar parte de los comienzos del desarrollo del arte en Buenos Aires.
En sí, no es posible hablar de un circuito artístico constituido en el período, ya que no existían salones de exposición de obras, ni crítica; pero la litografía y la miniatura, medios con los que ella trabajó, fueron una verdadera innovación en la época, alcanzando una gran distribución y difusión en la sociedad, en distintos estamentos socio-culturales.
Adrianne Pauline Macaire de Bacle nació en Ginebra el 15 de agosto 1796. En su juventud, fue alumna de Henriette Rath (1772-1856), pintora de retratos y esmaltes, discípula de Jean-Baptiste Isabey. En 1816, contrajo matrimonio. Juntos, con sus hijos, arribaron a Buenos Aires posiblemente hacia 1828. En el mismo año, fundaron el establecimiento Bacle & Cía, en sociedad con Arthur Onslow, el cual se convierte en la primera imprenta litográfica de su clase establecida en el Río de la Plata.
En éste participarán artistas extranjeros como Carlos E. Pellegrini, Hipólito Moulin, Julio Daufresne, J.G. Guerrin y Alfonso Fermepin. Hacia 1829, por un decreto del gobernador Viamonte, se declara a Bacle y Cía “Impresores litográficos del Estado”, otorgándosele así a la firma una gran importancia y legitimación. Realizan retratos litografiados sueltos, entre los cuales encontramos obras de la artista: Rivadavia, Alvear, Paz, Dorrego, Guido, Saavedra, Vicente López, Figueredo, Agrelo, Pedriel, Cavia y Arenales, y también realizó en el mismo período los del príncipe Pontignac y el papa Pío VIII. Bacle y Cía también edita en ese año la primera obra didáctica para el dibujo: dos cuadernillos titulados Principios de Dibujo. En 1830, publican la Colección General de Marcas de Ganado en la Provincia de Buenos Aires, la cual consta de diez cuadernos con al menos diez mil marcas litografiadas, y un mapa de la Provincia. También comienzan a trabajar en la colección Trajes y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires (varias de cuyas ilustraciones son de Macaire) y fundan el Boletín de Comercio con informaciones marítimas y comerciales, que se edita entre septiembre de ese año y febrero de 1832.
Es importante resaltar la actuación educativa de Macaire en el país. Hacia 1831, se desempeñó como directora del Ateneo Argentino, escuela para niñas a la que concurrían las pertenecientes a las mejores familias de Buenos Aires. Allí se impartía la enseñanza del inglés, francés, italiano, geografía, dibujo, música, bordado, costura y caligrafía. También se dedicó a dar clases de dibujo de manera privada con Arthur Onslow.
Luego de un período de exilio por motivos políticos, hacia 1833 regresan a Buenos Aires, retoman la imprenta y continúan editando la serie de Trajes y costumbres, cuya última entrega se publica en 1835. En este período, la artista litografía dos retratos, uno de Gregorio Paz, comandante de Salta, y el del Coronel Olazábal, sobre dibujo de Pellegrini. En esa misma época, Bacle y Cía. edita el Diario de anuncios y publicaciones oficiales de Buenos Aires el cual se convierte en el primer periódico ilustrado. También ese mismo año editan el Museo Americano y El Recopilador. De 1837 es la litografía de gran tamaño dibujada por Macaire, que muestra los cuerpos de los hermanos Reinafé y de Santos Pérez condenados por el asesinato de Quiroga, suspendidos en la horca después del fusilamiento frente al Cabildo, en la Plaza de la Victoria, frente a una multitud en la que sobresale la figura de Rosas a caballo contemplando el espectáculo. Hacia esa época, su marido estaba preso nuevamente por cuestiones políticas. Durante este período, su salud se deteriora y, una vez libre en 1838, fallece. Macaire y sus hijos, en la miseria, logran escapar a Francia.
Para revalorizar la labor de Macaire, tenemos que conocer el contexto de su producción, explicando qué papel ocupaba la imagen en la época. Desde la Revolución de Mayo, se vivía un vacío de imágenes. Durante el período virreinal, las que abundaban eran las imágenes religiosas, también existiendo las de las autoridades españolas, siendo los comitentes principales la Iglesia (para uso público) y los particulares con poder adquisitivo (para uso privado). Esto se vio modificado con las transformaciones radicales que sucedieron con el advenimiento de los primeros gobiernos patrios: surgió la necesidad de generar un corpus iconográfico acorde con los nuevos ideales republicanos y con la intención de construir la nacionalidad. Fundamental para esto fue la figura de Rivadavia quien, como ministro de Martín Rodríguez y durante su propio gobierno, se encargó de contratar artistas, ingenieros y arquitectos europeos, principalmente franceses e ingleses, con el fin de realizar obras públicas que fueran reflejo de los ideales ilustrados sobre los cuales debía constituirse la nueva Nación. La litografía, como técnica, ayudó en la divulgación de imágenes, siendo de la mano de Macaire de donde surgieron retratos de personajes relevantes de la época, como los mencionados de Belgrano, el mismo Rivadavia, Alvear, Paz, etc. Ella fue quien realizó los dibujos, luego litografiados en la imprenta de Bacle y Cía y distribuidos posteriormente. Estos son fundamentales por su carácter documental, por surgir de la necesidad social del momento de tener reproducciones con imágenes de los próceres, héroes militares y políticos que cimentaron las bases de la Nación.
Macaire y Bacle entablaron amistad con Rivadavia y con su círculo íntimo, así como con los jóvenes que pertenecieron a la generación del 37, y participaron de las tertulias de Mariquita Sánchez de Thompson. Esto indica que la artista se desenvolvió entre la élite de Buenos Aires, lo cual también es refrendado con el hecho de que fue directora del Ateneo Argentino, cuyas alumnas pertenecían a familias de importancia social. Y también se nutrió de relaciones con artistas extranjeros, que fueron activos en el período y trabajaron junto a ella, no descartándose las posibles influencias mutuas que esto puede traer aparejado.
Sus obras llegaron a ser ilustración de libros, como el de Dorrego, que ilustra la “Oración Fúnebre” que Santiago Figueredo pronunció en 1829, en los funerales del mismo, o el retrato de Juan Antonio Álvarez de Arenales en la “Memoria Histórica” de José de Arenales. También son atribuidos a ella varias de las litografías pertenecientes al álbum “Trajes y costumbre…”, mostrando en las mismas la visión que tenía de la moda y los hechos cotidianos de la época, muchos de los cuales son representados con carácter humorístico (por ejemplo: la serie de los peinetones). Es interesante que haya trabajado en dos técnicas tan distintas como la miniatura, en la cual se destacó, y la litografía, esta última no común en la formación de las artistas femeninas de la época. Su participación fue activa en todos los trabajos de la imprenta.
Andrea de Bacle, en resumen, es una de las primeras mujeres que encontramos activa en el incipiente desarrollo del arte en nuestro país. Su valor reside en su obra, que conlleva la problemática de no estar siempre firmada por el medio empleado para su reproducción, por lo que es difícil, pero no imposible, determinar qué trazos le pertenecen, haciendo un estudio en profundidad. Y, también, en su participación activa en la sociedad y su labor educativa, siendo una extranjera en un ambiente tan diferente al suyo de origen.
Varias de sus obras pueden ser apreciadas en el Museo Cornelio Saavedra, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Director: Lic. Alberto Piñeiro
Dirección: Crisólogo Sarralde 6309
Horarios: Martes a viernes de 9 a 18 hs. Sábados, domingos y feriados de 10 a 20 hs.
Entrada: General: $1. Martes y miércoles, gratis.





















