Chica que va al teatro además duerme La siesta.

por Sol Correa, la chica que va al teatro.
Había que estar ese sábado a las 17 hs. en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. Pocos se atreven a un 17 hs., con el solcito en los ojos, un solcito de otoño en invierno, de los pocos, y perpetuarse en un museo casi dos horas.
¿Es al aire libre? preguntaba su amiga, actriz. Supongo que por lo de “instalación”, por la recomendación de ir abrigados en alguno de los eventos de difusión, o por deseo inconsciente a la vez.
No pero sí. O no, pero parece. O definitivamente no: el espacio, el famoso espacio en La siesta. “Teníamos miedo de que el espacio lo chupase todo”, le contó un actor después de los aplausos (wau!). No en vano. El espacio chupa, ¡y cómo!
Hay algo como de los cuerpos bien distribuidos, bien coordinados, desplazándose en una casa tan poética como real, algo del vaivén, de las pisadas sobre el parquet, de las entradas y salidas por marcos de siglos pasados, de balcones barrocos, de notas ausentes. Hay algo anafórico en el movimiento de cada uno de los personajes que conforman La siesta. Líricos y violentos. Eso: líricos y violentos.
Mientras La chica miraba (porque mirar más que oír es el verbo de La siesta), pensaba en qué de toda la obra lleva la carga poética: ¿el texto, el tono, el lugar, las telas suntuosas? Ni el texto era lo suficiente, ni el tono. En su cabeza todo el tiempo giraba la pregunta por el universo Silvina Ocampo, quizás por ahí iba la cosa. Pero tampoco, ese gesto no era tan claro: ni algo de la ingenuidad perversa, ni algo de lo kitsch, ni algo de algo. Pero sí, se respira lirismo, eso seguro. Se respiran buenas actuaciones, se respira aire muy frío.
Después de todo, manos en los bolsillos, bufanda al cuello, nochecita que cae y café con leche en Callao y Corrientes. Mirada perdida (a veces quiere ser ella la poética, y se inventa estos estados, ja), y la reflexión, la maldita reflexión: hubiera estado bueno que el carnaval y la huelga de criados contra patrones, esos tópicos altamente “resignificables”, “actualizables”, justamente se hayan hecho cargo de este mundo, el nuestro, en tiempo, en hoy, aunque sea por debajo. Como si el teatro viniera a abrirnos y a sacudir. ¿Será que La chica espera siempre eso del teatro? Relajá y disfrutá, le dicen.
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La siesta. Intervención teatral inspirada en el universo de Silvina Ocampo.
Dramaturgia: Mónica Salerno.
Dirección y colaboración autoral: Tatiana Sandoval y Magdalena Yomha.
Casa Fernández Blanco - Hipólito Yrigoyen 1420.
Sábados de julio y agosto a las 17 hs.
Elenco: Amalia Borde: Julia Catalá, Madre: Mercedes Fraile, Padre: Daniel Goglino, Tobías: Luciano Kaczer, Pridiliana: Gladys Lamparelli, Eudora: Luciana Mastromauro, Octavio: Fabricio Rotella, Apolonia: María Zubiri.





















