Entrevista exclusiva al autor de “Ahora, antes y después – Daniel Melero x Gustavo Álvarez Núñez”
Gustavo Álvarez Núñez: “Melero es la libertad o lo más parecido a la libertad”

Por Leo Aguirre – Música
Un referente de la escena musical porteña de los últimos veinte años y sus pensamientos sobre música, periodismo y Daniel Melero.
Spinetta, Charly, Nebbia, Solari, Fito, Prodam, Cerati… El rock argentino tiene un puñado de nombre propios que siempre se mencionan a la hora de hacer un raconto de estos cuarenta y cinco años de historia. Obviamente esto implica un reduccionismo que deja de lado otros nombres que han hecho sus grandes aportes y quedan en segundo plano ¿Injusto? Seguramente, pero de todos modos, con un poco de curiosidad, se puede dar con esos nombres que también han aportado para que el maltrecho rock argentino, y la cultura en general, sean reconocidos.
De todos ellos Daniel Melero es, seguramente, el más controversial de esos nombres que han quedado en los márgenes de la historia oficial. El “Brian Eno argentino” desde sus días en Los Encargados a su presente de gurú de la contracultura rockera, ha generado igual cantidad de seguidores como detractores entre los melómanos y extrañeza en el público mainstream a raíz de sus trabajos con Cerati y Babasónicos. Con ideas, palabras y canciones, que no están pensadas para agradar al oído promedio, Melero se ha transformado en uno de esos nombres ineludibles a la hora de pensar la escena.
Gustavo Álvarez Nuñez es otro de esos nombres. Desde su rol de líder de la banda Spleen en los 90, banda que se posicionó claramente contra el por entonces incipiente rock chabón, y como primer y más recordado editor de la edición local de Los Inrockuptibles, GAN (como es popularmente conocido) se ha encargado de aceitar la escena con la circulación de ideas, pensamientos y preguntas ¿Su último aporte? Recopiló varias charlas con Daniel Melero que tuvieron lugar a fines del milenio pasado en “Ahora, antes y Después” (Edit. Derivas). Para todo aquel que no conozca la música de Melero, este libro será una forma de ingreso ideal, que además permitirá conocer su pensamiento sobre temas tan diversos como la educación y la pornografía. Para los que lo conocen, será una forma de confirmar la aguda mirada del músico.
Con motivo de la edición del libro, hablamos con GAN, una mirada lúcida y necesaria en estos tiempos de corrección y normalización.
LVJ: ¿Cuál es tu primer recuerdo musical? ¿Cómo te fuiste involucrando con la música?
Remite a la primaria, fines de los 70, principios de los 80. Tenía dos compañeros que tocaban la guitarra. Hablaban siempre de marcas. Uno de ellos me pasó el dato de mi primer profesor: Gustavo Pérez, en ese momento cantante de Dulces 16; banda bastante conocida en 1981/82. Vivía cerca de casa, en Martínez. Mi clase comenzaba a las 15 horas. Lo genial era que yo llegaba y él todavía no se había despertado. Algo me decía que ser rockero ya no era una fantasía. Otro amigo importante fue Dano, ahora médico. Vivía a la vuelta de casa. Él me pasó los primeros acordes y muchos casetes con música. En general, rock argentino. Todo esto previo a Malvinas. Y después ir a la casa de mi primo Ale Zárate, fundador de Los Pericos. Vivía en Nuñez y siempre estaban zapando con Juanchi Baleirón. Tocaban temas de Riff y The Police.
LVJ: ¿Y con la lectura? ¿y el periodismo musical en particular?
GAN: Después del lamentable suceso bélico, fue más fácil conseguir información rockera. En un momento salió Cantarock, la revista de Pipo Lernoud. Que cubría muchos baches en lo relativo al pasado. No era lector de Expreso Imaginario (calculo que se debió a que al kiosco de la esquina de casa no llegó). La conocía pero era de comprar más Pelo. Sin embargo, la revista que me marcó fue Cerdos & Peces. Ya la seguía en El Porteño (era un suplemento que venía adosado) y cuando se lanzó sola estuve ahí. Hasta llegué a ir varias veces a la redacción y logré que Enrique Symns me pidiera unas colaboraciones. Sobre los poetas malditos y cosas así. No se publicaron. Mis primeras notas sobre el mundo de la música aparecieron en la revista Los Periodistas; accedimos a esa redacción con dos amigos (Hernán Ferreirós y Juan Di Natale) vía Daniel Link, que era profesor de ellos en Letras.
LVJ: ¿Cuándo te diste cuenta que te gustaba la escritura como un camino a seguir?
GAN: Abordar a los 15/16 años poetas franceses del siglo XIX y principios del XX (mi preferido era el Conde de Lautremont), estimulado por el Artaud de Luis Alberto Spinetta, fue el epílogo de lecturas que se habían originado en la colección Robin Hood cuando era un tierno infante… En la adolescencia, dos escritores que me marcaron fueron Macedonio Fernández y Friedrich Nietzsche. Desde niño me gustó garabatear cosas. Escribir por escribir. Con finalidades toscas a veces, como las cartitas para la enamorada de turno. Pero siempre con un afán de decir algo. En tercer año de la secundaria me publicaron un pequeño ensayo en una revista donde tiraba diatribas contra el mainstream musical, tomado en ese momento por Michael Jackson y todos los efectos colaterales –breakdance, pantalones “Dealers” (creo que se llamaban así), cortes de pelo cubano, etc. –. Era un auténtico militante del rock: ¡imponía reglas! Un pelotudo. (Risas) Por suerte, más adelante me despegué de ese dogmatismo adolescentón. Escuché mucha música en la casa de un amigo cuyos padres estaban separados, y el padre le pasaba una buena cantidad de dinero que él utilizaba en comprar vinilos: David Bowie, Bauhaus, Japan, Joy Division, Talking Heads, etc. Y ver shows en los antros de la época, en particular el Parakultural, fue un paso importante a generar nuevas formas de mirar la vida, distantes de la educación que primaba en mi entorno escolar o de amigos del barrio.
LVJ: Más allá de lo que explicas en el libro sobre las razones de esta entrevista ¿por qué Melero?
GAN: Melero es la posta. Es muy difícil salir indemne de un encuentro con él. Te vas cargado de estímulos nuevos. Es una mezcla de Lucio V. Mansilla y Jorge Luis Borges. Hasta su mirada sobre las cosas más insignificantes generan por lo común un más allá. Melero simboliza esa pata rockera que el rock no cultivó con ahínco o que prefirió soslayar en su imaginario: la idea de que el rock es más que música; el rock como una visión de la vida que interpela al mundo, que interviene en el modo en cómo las costumbres pretenden controlar el devenir y poner cotos donde sólo tendría que haber libertad. En cierto sentido, Melero es la libertad o lo más parecido a la libertad.
LVJ: ¿Cómo ves la escena musical porteña actual?
GAN: No estoy muy al tanto. Entre el paso del tiempo (mis años), actividades profesionales muy diurnas y una vida familiar muy pachorra, he dejado de ir a shows. No me estimula mucho el vivo y tampoco me siento interpelado por ese vacío. Antes, si no iba a diez shows por semana, no estaba tranquilo. Además, era parte de mi intervención en la escena y en el mapa cultural del Buenos Aires de fin de siglo. Ahora bien, no dejo de escuchar las novedades que más me atraen de gente cercana. Desde Diosque (Bote es un gran disco) y Félix y Los Clavos a la contundencia que han logrado en vivo Las Kellies y Iwánido.
LVJ: ¿y el periodismo musical?
GAN: Leo muy poco periodismo musical y si lo leo, no me queda mucho. Desde hace tiempo los reportajes a los músicos como están encarados me parecen un plomo. La necesidad de contarte cómo hicieron su mejor disco que siempre es el último, es una fórmula agotada. Y en general, las reseñas discográficas parecen escritas por chicos de 11 años, con todo perdón a los chicos de esa edad. Mi información proviene de los mailings de algunas disquerías de Nueva York y Londres. Y de los links que tiran en Facebook gente como Gustavo Lamas y vos.
LVJ: ¿Cómo es tu situación actual con la música? ¿Tenes proyectos de retomar una actividad musical más constante, como con Spleen?
GAN: Nada, nadie, nunca. Toco la guitarra en mi casa. Puertas adentro. Solamente estaré arriba de un escenario el 23 de mayo, cuando cantaré una canción (Camioneta) en la presentación del último álbum de Diosque.
LVJ: ¿Que música estás escuchando últimamente?
GAN: Debido a que estuve haciendo cambios en mi casa, debí reordenar la discoteca. Entonces me reencontré con ciertos discos que fueron muy importantes. El día de Pascuas, por ejemplo, puse algunos temas de Closer de Joy Division. Ese mismo fin de semana, Burning From The Inside de Bauhaus y el álbum debut de Dali’s Car (el proyecto de Peter Murphy, Mick Karn (bajista de Japan) y Paul Vincent Lawford. Volví a los 17!!! Ahora bien, lo que más me impactó en los últimos años fue conocer la realidad de una música producida en el desierto africano: el blues tarueg. Escuchar a Tinariwen, que son los referentes del género, es muy estimulante. Combinan visceralidad y belleza, psicodelia y dolor. En cuanto a novedades indies o pop, piqué Sweet Heart Sweet Light de Spiritualized y no me defraudó.
LVJ: ¿y qué estás leyendo?
GAN: Mucha poesía flamante y recomendable: El sistema defensivo de los muertos, de Diego Muzzio, y Otras puestas del ocaso, de Adrián Yanzón (ex cantante de Los Pillos). Por otro lado, El basurero de la historia, de Greil Marcus (el de Rastro de carmín, gran libro gran), un compilado de artículos periodísticos entre 1975 y 1993. Y ayer un viejo amigo de la secundaria me dio su primer libro, Ronda de perdedores, que ganó el premio Norma 2012 de Literatura Infantil y Juvenil. Espero que muy pronto ustedes estén leyendo mi primera novela, Barriolandia, que según un legendario editor y productor discográfico, es un best-séller.
LVJ: Asi como en un momento fue el rock ¿quién crees, en caso que así suceda, que se hace cargo de la voz joven?
GAN: Tal vez las tabletas y los teléfonos inteligentes…





















