Hoy: Ezequiel Rodríguez

Poéticas en Primera Persona

Inauguramos una nueva sección en La Voz Joven donde nos convertiremos en el eco de aquellas voces anónimas que merecen ser leídas y escuchadas. Ezequiel Rodríguez nos trae desde Mar del Plata su poética: "me interesan las palabras que regalan un silencio inesperado".

 

Nací y vivo en Mar del plata, tengo 25 años, no publiqué libros hasta el momento, además soy músico. Me gusta la poesía vinculada con las enseñanzas del budismo y del zen sobre todo, los haikus japoneses, una poesía meditativa, que utiliza la introspección como medio y no como fin; que busca expresar -con las limitaciones propias del lenguaje- la interconexión entre lo interior y lo exterior, que son uno. "La forma es el vacío, el vacío es la forma", dice el Sutra de la Gran Sabiduría, uno de los textos importantes del zen.

Mi escritura está guiada desde y hacia la desnudez intrínseca que se encuentra en todas las cosas, en todos los fenómenos de la vida: en un jardín cuando llueve, en la observación de ese jardín, o en un cuerpo desnudo. Para expresar esa desnudez, intento que las palabras estén lo más desnudas posible, que sean siempre más que palabras, para que aprendan y aprehendan el silencio de que están hechas. Busco que las palabras sean cuerpos en silencio. Me interesan las palabras que regalan un silencio inesperado, una manera de no ser palabras, un desapego para aprender a amar. Entiendo el silencio y la desnudez como aromas de un mismo amor.

Para conocer y expresar esa desnudez en su "esencia", es preciso primero desnudarse uno mismo: desprejuiciarse de todo, observar sin juicios, aceptar "lo que es"; y "desnudarse" es siempre más que un acto revolucionario de desapego total, es la conciencia de que todo está interconectado, de que todo es recíproco en su propio ser.

"Sí, son millones de estrellas. Y millones de estrellas son dos ojos que las miran", escribió Antonio Porchia. En este sentido es que entiendo el conocido verso de Paul Valéry: “Lo más profundo que hay en el hombre es la piel”. La piel no se desnuda, nosotros nos desnudamos para encontrar la piel cósmica que lo contiene todo, desnuda y plena en sí misma. Y la piel puede ser un árbol o una piedra, cuando ese árbol y esa piedra son vistas con desnudez propia. La superficie es la puerta hacia la hondura. Y viceversa.

 


 

Lluvia sobre charcos

 

I

 

Yo era fragmentos.

Yo miraba los árboles y las piedras,

yo pasaba largas horas junto a ellos.

Yo miraba sus luces como se miran

los grandes ojos amados.

La luz era un abismo para yo.               

 

Yo quería silencio.

Y yo era la prueba del silencio.

Quería comprender la luz.

Mi desnudez se componía 

de huellas arrancadas 

a las transparencias del día.

 

Yo veía las cosas

como procesos a develarse.

Nada estaba en su lugar preciso.

Yo acomodaba sombras y sangraba.

La luz me curaría

el tiempo lastimado.

 

 

Yo pensaba.

Yo escribía palabras,

palabras

que yo escribía

para esconderlas mejor.

 

No importaba lo iluminado,

sino la luz no develada.

 

Yo era yo.

Yo siempre era.

Yo siempre era yo era.

 

La memoria se descalza,

y el jardín es pasto
que sonríe mojado.

 

¿qué puedo develar desde este

roce que no desnuda

pero habita en desnudez inmensa?

 

 

II

 

Llueve sobre el jardín.

Sobre los charcos

las gotas se convierten en dianas.

 

Llueve y me pregunto

por qué toda caricia

da en su centro.

 

 

 

 


 

 

El jardín de los caídos

 

 

y si no fuera 

la vida

(esta vida tan poblada

poblada y tan de ojos

arrancados en su flor)

si no fuera, digo

nada

sino solo

lugar palpitante?

 

yo me pregunto, sí

yo

me estoy preguntando

si este

jardín secreto

fuera nada

y solo

observación prestada

fuera 

solo

jardín secreto de observar sin mundo? 

 

y palabras como puntas de pie?

y solo 

palabras 

como puntas de pie

(solo puntas

puntas

prestadas?)

si las palabras

fueran

tan solo

y tan

solamente

puntas de pie sobre jardín secreto?

 

errar, dolor

errar

dolor y muerte

sí, la misma

serían

la misma 

flor pisada
 

 


Desnudez
 


Todo en desnudez.

Lo blanco del roce

califica bruma.

 

No contestar

ni aprehender

esta existencia nueva.

 

Devanar

la piel en el asombro,

la cuerda
de escribirse mundo.

 

Cuerpo a cuerpo,

reclamar

un cuerpo

en que caber.

 

*


Ahora escribo.

Abro las bocas

y ninguna es sed.

 

Digo blanco,

escribo roce.                       
Palabra y tiempo

ruedan.

 

Algo sin llegadas

criba las raíces.

Lo superfluo

se hace bruma.

La hondura

vuelve a desnudez.

 

 

 

 

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