Imágenes literarias
Ulises y el marco de madera

Por Facundo Vernä Elorza
Caminaba el camino de la intuición. Sensualidad de su estandarte fornido. Inevitable era. Lo hacía. Destruía el lenguaje. Desde un comienzo. Gozaba hacerlo. Desgarrándolo. Palabra por palabra. Sin negar la resistencia de los límites del marco en fracciones cíclicas de ciudades sucias. Esquinas drogadas. Desoladas. Para un lado. Para el otro. Malhumoradas. Para ambos lados charcos. Hojas odiosas putrefactas en esos mismos charcos melancólicos.
Interrogadme a vuestra voluntad. No escucharás más que poesías. Fisionomía de la voluntad, hacedme renacer de la muerte sonetos. Romeo y Julieta de correrías se irán. Bronceados volverán. Dadme el aliento de la pasión robada por ellos. Despertadme si el gallo es caldo para el almuerzo. Fantasmas principiantes a la hora del todo. La noche asomaba el frío de los cuerpos alentados por el placer de imaginar sexo en rincones públicos. Bufones burlones. El mundo colgado de orgías. ¿Creed mi respuesta? Pensad la pregunta. De las raíces nacían orgasmos desvestidos. Los escuché. Más de los pensado. La esquina mareaba la ubicación de las mesas. Mi cuerpo perdía la dirección del tiempo en el espacio universal. Soltadme maldad nada tendrás. Soltadme te suplico oscuridad. No lloréis. El hombre de la bolsa vendrá. Ríe su temor temeroso. Saldré a correr por lo prados. Desnudo me siento vestido. Rechazaré vestidme al gusto de los comensales avarientos. Explotan sus botones burgueses. La manteca se derrite en sus cachetes rojos y brillosos. Mi vestimenta es la libertad. Conejos danzan pesadillas sarcásticas. Mirad sus dientes. Sus garras. Su pelaje violín. Ritmo. Exaltación.
Desead café con leche en ese bar. No. En ese. Escuchad mis deseos. Abren luego de las cinco de la tarde. Quered café antes. ¿No escuchad vuestra voluntad? Allí estaremos bien. Contra el rincón. Seremos polvo de esa pared. Es justo dar el ejemplo. Equitativa la equidad del equilibrio ocasionado por la racionalidad del pensamiento. Sabiduría por saber hacer lo debido. No importad vuestros trajes. Importad vuestros sentimientos. La lavandera ciega reza el descanso de la siesta apasionada. Arriba lavandera lava la desdicha de tu rostro. Las aguas son turbulentas. Tiende tus cabellos balsámico mar. Me embriago. Madriguera musculosa triangular. No discutid aquel pacto aspecto. Atended mis caprichos sádicos. Arrodillada la espera en la Iglesia. Pecados acribillados por la moral cristiana. Tendido de una soga. Confesad lo que has hecho. ¿Acaso habed soñado mi crimen? ¿Cuál es la diferencia buen príncipe si en el sueño corto pétalos y en la realidad cuento las flores? Diez días sin pisar la tierra. Es mucho más de lo pensado. Merecedme ese castigo. He amado. No matadme por ello. Condenad al bastardo por fiel y sincero. Cae la orca sin filo. Primeros amores por sangre derramada. Sociedad deseosa de deseos pecaminosos. Mirad el error ajeno. No la propia ignorancia culpable de castigos indebidos. Divertirse con el dolor ajeno. Circo trágico. Sabed aquello. Escuchad el ruiseñor que hunde su pecho en la espina por una rosa roja. No podrais mentirle al espejo. Reflejo. Se valiente ahora. Destruirlo antes de lastimar los ojos del estudiante enamorado. Escuchad su voluntad delfines. Hacedle creer de nuevo en el amor.
Esperadme virtud desvirtuada. Concededme el grito que nacerá de mi alma. Amar o no amar los principios de mi voluntad. Dadme la libertad de los sentidos. Indómito me tendrás. Serás el agua que recorre mis cuerpos reencarnados. Uno no basta para saciar la ausencia eterna. Tierras por sembrar. Seré el conocedor de tus semillas. El alfarero de tu corazón. Silos repletos de cereales. Maíz con tu perfume. Saltad nuestros nombres fértiles. Mediocres refranes. ¿Dónde estarán los juglares? Seducidos por el dinero se alejaron del pueblo. Abandonan su deber bohemio. No reclamad a su regreso. El artista jamás deja al libre albedrío la composición de sus obras. Callad el ladrido de aquellos perros. Aturdidos oídos. El eco del aljibe. Escandaloso. Detened mi apetito con su carne. ¿Qué decid mente confusa? ¿Preferid almorzarlos para mejor digestión? Almorzar perros no está bien. Cenarlos tampoco. ¿Para vuestro consejero o para vuestra majestad? Es ley. Decretad cenar perros. Me opongo a tan brutalidad instintiva. Callad entonces mis pensamientos. No deseo cometer una brutalidad esta noche. Alejadme de mis principios egoístas. Acercadme a los principios sociales.
Bajad de los cielos. Vómito de los dioses enfurecidos por mi desdicha. La crema está cortada. Tirad la torta a los cerdos. Esperad. Dadme un poco antes. Saltad las miradas frotando la espalda espada. Manzana prohibida cae de tu mirada. Pecaminoso reptil. Sostened mi aliento helado. Hacedme el árbol de tus sueños diabólicos. Creed lo contrario. Acariciando la esencia de su estirpe heroica. Uno de tres actos. Quince minutos tendrás de atención. Decid todo. Callad todo de lo contrario. Abalanza la dicha sobre la mesa de tragos. Sentid el peso sobre mi cuerpo humedecido. Se alejaba el caballo trompeta. Caminos de tierra. Monte divino se alza la bandera. Fuego. Volved y dadme el cáliz sagrado. Destino. El sol saldrá esta noche. Profecía. Dadme más aire. Sofocamiento. Resurgimiento de pasiones impregnadas en esta cárcel de huesos besados pesados. Hombría sensibilizada. Intervención del noúmeno. Ropas aletargadas. Los restos de la historia, lavaban sus heridas. Sangre extendida en jardín. Si estaba vivo. Si estaba muerto. No era esa la incertidumbre. La marca sentenciada del impostor hacía arder las ampollas. Ulises, esconded el marco de madera en sombras abstractas y diálogos herméticos como el corazón de la mano silenciosa que acarició el alma del artista. Obedeced.




















