la chica que va al teatro sigue yendo al teatro


La chica que va al teatro parte de una imposibilidad: conjuga verboides (AMAR).

Por Sol Correa

Che, andá a ver “Amar” de Catalán, ¿la viste? * No, ¿está buena? ¿zafa? * Y sí, la tenés que ver. Igual, ojo que es una obra de actuación, no te va a deeeeslumbrar (con “e” muy larga).

---- colectivo 92, zapatos con plataforma, jeans agujereados, chaleco de peluche, la puerta de “El camarín de las musas” (esa puerta tiene más movida que el adentro), copas de vino en la vereda, discusiones por las reservas, los que salen de expresión corporal se juntan con los que vienen a tomar un café y con los que quieren corroborar cómo trabajan los actores que Alejandro Catalán dirige.-----

Mientras se come las aceitunas que fueron abandonadas por los señoritos que acaban de retirarse para hacer la cola, la chica piensa sobre esta cuestión de “obra de actuación”.  Apa, apa, ella podría preguntarse ¿no todas son obras de actuación? ¿aun los “en tela de juicio” bienvenidos  biodramas? Pero no, aunque no lo parezca, la ingenuidad también es una de las tantas poses.

 Ahá: esto de cero escenografía, una parra artificial, una linterna, y ¡vamos que damos sala!, eso es una obra de actuación: deslómense, muchachos, hay que poner el cuerpo, ahí está nuestro arte.  ¡AAAAy, pero qué mala que sos! (irónica su interlocutora, que podría ser ella misma, claro, porque suele autocensurarse). Además su cabeza ya venía taladrada por el mundo conceptual catalano. Siempre admiró a la gente que tiene teorías para todo. Justamente él es un gran decidor de teorías y de términos específicos que la sistematizan: impacto, imaginario actoral, magia, radicalidad, lógica de las formas, no al textocentricismo. See (seco), casi un glosario técnico; y la verdad que sí, tenía muchas ganas de abrazar todas esas palabras en esos 80 minutos y reconocer todo el mundo conceptual en el formal, en el creado ESE viernes casi a medianoche, en esos seis cuerpos.

Pero por segunda vez, se dejó ir, o mejor dicho, se colgó. Focalizó toda la obra en UNA de las actuaciones: entró en el juego de creerle el “personaje” a Federico Liss, o a Sebastián, y ya no pudo salir. El famoso micro-gesto estaba ahí para hipnotizar; los tics, la risa, la mirada, su boca, sus manos, su fuerza, su decir, su trasladarse, era realmente mágico (en este sentido específico, claro). Y esa perfección era peligrosísima: esas milimétricas gestualidades podían en cualquier momento destruirse justamente con cualquier otro micro-gesto fortuito. En eso se entretenía en generar y destruir, y estaba buenísimo. La hipnosis está buenísima.   

AMAR (verbo modelo de las conjugaciones, junto a TEMER, y su consecuencia PARTIR). Amar-temer-partir. Cuando no se cuelga con la forma, se cuelga con el contenido, es tan saussuriana a veces.

 Y caminó muchas cuadras de Córdoba hasta Corrientes, con esto: Amar (amar) es como la supervivencia combativa de los deseos. Sí, como lo estás pensando, un ejercicio básico de dramaturgia. Esa es la dinámica: lo que cada uno quiere en el otro que sea para sí. Ese deseo siempre desplazado que lo mantiene vivo, que hace que Amar (amar) pueda durar 8 años o 2 meses. En Amar, amar es querer, pero querer no es amar, es querer tener: un hijo, una mujer, un casamiento, un negocio que funcione, ninguna responsabilidad o todas, y seguir hasta partir/destruir o hasta partir/dejarlo:

1ero. AMAR,  2do. TEMER y 3ero. PARTIR (en el caso de que seas un héroe épico o al menos juegues a serlo).

…. Y ella que quería divertirse,

como hacen las chicas.