Nueva entrega de la serie Mujeres Argentinas en el Arte

Grete Stern

Por Natividad Marón – Artes

Pionera de la fotografía y, dentro de ella, del fotomontaje, Grete Stern se destacó por su mirada aguda sobre la realidad femenina y la documentación mediante la imagen.

La obra fotográfica de Grete Stern (1904-1999) es difícil de encasillar por su riqueza, extensión y carácter abarcativo.  Desde la publicidad hasta la documentación, la cámara fue la herramienta detrás la cual descubrió su talento y dejó un riquísimo legado creativo y patrimonial. Su Alemania natal fue el lugar donde aprendió la técnica. Empezó a estudiar con Walter Peterhaus en 1927, profesor y director del departamento de fotografía en la Bauhaus de Dessau (1929 – 1933), quien le sugirió tomar un curso en dicha institución para ampliar su horizonte artístico y técnico. Hacia 1929 fundó junto con Ellen Auerbach el estudio “Ringl + Pit”, en el cual incursionaron en la publicidad y el diseño hasta 1933. La intención de ambas, punto de partida de sus trabajos publicitarios, era romper con la imagen de mujer-fetiche impuesta y dominante en la Alemania de la época. Y tuvieron campo para desarrollarla, como puede verse en los trabajos que realizaron en dicho período, ya que la propaganda comercial era un terreno experimental en ese momento.  En su mayoría son publicidades de productos para consumo femenino donde la figura de la mujer no es idílica, no es el ama de casa burguesa que espera al marido bella y radiante, sino que se busca mostrar la utilidad del producto, a veces careciendo de una imagen total de la mujer (ejemplo es la publicidad de Komol). Otras tomas de la época son autorretratos o fotos de Auerbach en situaciones cotidianas. Se liga, ya desde el comienzo de su obra, a Stern con el surrealismo puntualmente, y con la vanguardia artística en un nivel general, por su audacia e innovación dentro del medio expresivo elegido por ella, atributos que la acompañarán en el transcurso de su prolífica vida.

Ya en estos trabajos de sus primeras épocas vemos en germen la idea base de Stern acerca de lo femenino y el rol de la mujer en la sociedad, que luego saldrá a la luz en sus fotomontajes posteriores. Siempre predominó en ella un carácter contestatario, siendo fuertemente independiente y reflejándolo en su crítica al machismo, tanto masculino como femenino, y a la cosificación constante de la mujer en los ámbitos públicos y privados.

Cursando en la Bauhaus conoció a Horacio Cóppola, fotógrafo argentino con quien se casó en 1935 y vino a instalarse a Buenos Aires, previo paso por Londres luego del ascenso de Hitler al poder. Ambos fueron bien recibidos por el círculo intelectual porteño, realizándose una muestra con trabajos de Stern en la Editorial Sur (cuya directora era Victoria Ocampo) que puede ser considerada la primera exposición de fotografía moderna hecha en nuestro país. Es interesante el echo de que la muestra estuviera acompañada por una suerte de folleto-manifiesto, donde se planteaba que no era del interés de la fotografía ser “arte”, sino ocupar  su propio lugar y tener una función social. Este tipo de debate no se había planteado en nuestro país hasta el momento y fue igual de innovador y comprometido con cierta línea estética e ideológica como las imágenes expuestas. Retratos que no buscaban la belleza o complacencia en quien posaba y collages publicitarios vanguardistas causaron conmoción en la crítica y tuvieron poca aceptación en el público.

Un hito importante en la carrera de Stern, a nivel creativo, fue su trabajo para la revista “Idilio”, desarrollado entre los años 1948 y 1952. Dicha publicación contaba con un segmento llamado “El psicoanálisis la ayudará”, donde el sociólogo Gino Germani y Enrique Butelman, director de la editorial Paidós (ambos con seudónimo) analizaban relatos de sueños que las lectoras enviaban por correo, previa respuesta de un cuestionario elaborado por ambos. La intención editorial era acercar a la población nociones básicas del psicoanálisis, y la labor de Stern fue interpretar en imágenes las narraciones recibidas. Los casi 150 fotomontajes que realizó son una suerte de antología del inconsciente femenino, un muestrario de la opresión, los miedos, los dictámenes sociales, las imposiciones y la objetualización a las que estaban sometidas (conscientemente o no) las mujeres porteñas de clase media en ascenso durante los primeros años del peronismo. Figuras desamparadas frente a obstáculos imposibles de superar, añorando su liberación de los mandatos estigmatizadores y neutralizadores aplicados a las mismas, a la deriva, encerradas, aprisionadas, agobiadas. Los procesos oníricos de desplazamiento y condensación dejan ver, a través del relato y la posterior creación de la imagen, la realidad de género vivida en la época. La mujer-objeto, la empequeñecida, la que no puede expresarse o es objeto de verbalización por parte de otros, la observada, la pasiva y la activa....todas reflejadas mediante el proceso del fotomontaje, desde una visión en sí misma de género. La concreción en imagen parte de la parodia y la ironía, dejando de lado todo sentimentalismo. La experimentación siempre fue uno de los recursos empleados por Stern, y aquí dio rienda suelta a la misma, uniendo partes, recortando, montando, descontextualizando y volviendo a armar imágenes coherentes, sumamente expresivas y directas en su mensaje.

En 1952 fue convocada para realizar tomas de la ciudad de Buenos Aires (que ascendieron a la suma de 1500 aproximadamente) para registrar las fachadas de edificios, las calles y la vida en la ciudad. Este compendio de fotografías tiene un gran valor documental para la historia de la ciudad y la visualización de los cambios y modificaciones en la misma, así como para la valorización patrimonial de la arquitectura que aun se conserva del período. Unos años antes, ya divorciada de Cóppola, había empezado a viajar por el interior, cámara en mano, inmortalizando paisajes con una gran destreza plástica. La costa atlántica hasta Tierra del Fuego y el Delta del Paraná fueron algunos de los sitios donde encontró inspiración y material para su trabajo.

La labor docente también fue parte de la vida de la fotógrafa. Entre 1956 y 1970 organizó y dirigió el taller de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes, convocada por Jorge Romero Brest, director del mismo. Este ámbito le permitió cultivar amistades dentro del círculo artístico e intelectual porteño, destacándose entre sus allegados Jorge Luis Borges, Pablo Neruda,  María Elena Walsh, Gyula Kosice, Luis Seoane, Arturo Cuadrado y Clement Moreau. Muchos de ellos posaron para ella, como Ernesto Sábato y Líbero Badii, entre otros. También estuvo vinculada al grupo Arte Concreto Invención y al grupo Madí.

El segundo hito de gran importancia en su trayectoria es la labor que emprendió, entre 1958 y 1960, a pedido de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste en Resistencia, Chaco. Fue convocada para retratar la vida y costumbres de las comunidades tobas de la zona. También trabajó con comunidades en Formosa, Salta, Jujuy y Corrientes, entre las que se encuentran los wichi-matacos, los pilagás, los chiriguanos y los mocovíes. Para poder acceder e integrarse entre los indígenas con la cámara, convivió con ellos, aprendió sus costumbres, sus lenguas y dejó de lado todo prejuicio y preconcepto que podría llegar a tener. Esto le permitió realizar tomas únicas que son un documento único y valioso, un registro de lo cotidiano, lo propio, lo artesanal de cada grupo con el que entró en contacto. Los rostros, las viviendas, las costumbres, captados en blanco y negro, muestran una gran sensibilidad visual y una empatía e interés en conocer realidades diferentes, en dar valor y dignificar a quienes quedaban excluidos de la sociedad, marginados.

Este fue el último gran trabajo de Stern. Jubilada, se dedicó a viajar por distintos países, siempre con la cámara en mano, buscando eternamente aquello que captar su atención y le significara algo. Su legado yace en su obra, reflejo de una postura y una mirada frente al mundo, una toma de posición comprometida y abierta a lo nuevo, a la experimentación. Así, Grete Stern logró dejar un testimonio  que se expresa en su trabajo y línea de pensamiento, y convertirse en una de las más importantes pioneras de la fotografía en la Argentina.