Qué hace David Lynch cuando no está filmando películas

Silencio Club

Por Malena Roche - Cine

Black door, no sign". Ésas fueron las indicaciones que la jefa de prensa me dio sobre cómo encontrar el Silencio Club en el barrio de Montmartre Paris.

 

Abrigada hasta la coronilla y con mapa en mano, salí en búsqueda de este enigmático sitio. Después de perderme un par de veces y preguntar a diferentes habitantes de la urbe, logré que una caminata que debería haber sido de veinte minutos fuera de cuarenta. Nada inusual para lo que había sido hasta ese entonces mi estadía en París.

Finalmente lo veo. Una puerta negra, ningún cartel, dos patovas. Cordialmente los saludos y les digo el nombre de la persona a la que vengo a ver. No me responden. Les vuelvo a preguntar. Me dicen que no saben quien es pero que en la esquina hay otro boliche, también negro, también sin cartel. Levanto una ceja y me dirijo hacia el segundo boliche. Misma situación, dos patovas. Pero esta vez sí conocen a la persona a la que vengo a ver. Me hacen pasar y me dicen que baje. Entonces bajo una escalera en forma de caracol que parece interminable, paredes negras, fotos antiguas, oscuridad... no puedo evitar emocionarme. Finalmente empujo una puerta y me encuentro un escritorio con una recepcionista , me anuncio , toman mi tapado y me dicen que por favor espere. Unos minutos pasan y viene a mi encuentro una mujer que habla perfecto inglés, con un hermoso vestido y cabeza rapada. Me dice que la persona que vengo a ver todavía no llegó pero ella me puede mostrar las instalaciones. Así entonces comenzamos el tour.... la mujer me cuenta la historia del club: los dueños querían que un artista diseñara el club y un amigo en común les recomendo a David Lynch. Así fue que David diseñó el 100% del club y este recibió el nombre de Silencio, como el misterioso club en Muholland Drive.

 

El dorado cubre todo: los pisos, las paredes, la barra, el baño.... la iluminación del lugar grita Lynch. Pasamos de un cuarto al otro: el cuarto de lectura, paradójicamente uno de los más oscuros, con sillones y mesas bajas cubiertas por libros de cine y arte (Igmar Bergman, Douglas Gordon, Anton Corbjin, Antonioni). Luego el cuarto de los bamboos: una habitación para fumadores con unas largas cañas doradas y unas pequeñas mesas altas donde apoyarse. Me dicen que esta habitación todavía no está terminada y nos abren una puerta a una habitación extremadamente oscura que hace las veces de cuarto de fumadores interino. En un rincón vemos a un pareja que nos dice que es el mejor cuarto de fumadores de la ciudad. Seguimos al baño, los pisos son de mosaico, algunos de verdadero oro insertado. El baño 10 veces mas grande y 1000 veces más lujoso que mi habitación en el decadente hotelito de Montmartre donde me estoy quedando. Pienso que podría esconderme en el baño y quedarme a dormir ahí. Luego descarto la idea porque la considero algo descabellada. Seguimos el tour y llegamos a la barra. Me ofrecen un trago y me dicen que trabajan aquí los mejores barman de Paris: ante semejante declaración no puedo decir que no. Pido un “Blue Velvet“: una magnífica combincion de Whiskey, Vermouth y limón. Si fuera hombre, este sería el momento en el que me sentiria un dandy, como soy mujer simplemente me siento en una propaganda de Gancia. Finalmente, llegamos al escenario: cada noche hay una banda distinta y cada semana tiene una temática diferente. Hoy vamos a escuchar música africana (sonrío, parece que llegué en la noche perfecta). Por si todavía no me parecia extremadamente exclusivo el club, mi guía me cuenta que el músico residente es el canadiense Chilly Gonzáles, que toca un domingo al mes.

 

Pero lo mejor estaba aún por venir. Abrimos una pesadísima puerta y me encuentro con un hermoso microcine. Tiene los sillones mas cómodos que ví en mi vida, impecable sounrround y están pasando Millenium.

Mi guía me cuenta que las películas son programadas por MK2 , distribuidora francesa, y la película que exhiben cambia cada semana. Generalmente son estrenos pero a veces también pasan clásicos como Fellini o Billy Wilder.

 

"¿Te gustó lo que leíste? ¿Querés ser miembro? Te cuento cómo funciona entonces..."

"Si querés ser miembro tenés que pagar unos 800 euros por año y tenés que estar involucrado en algún campo de las artes. Sino , probablemente no te acepten.

El club tiene unos 500 miembros en la actualidad pero espera llegar a los 2000 antes de fin de año. Se trata de mantener un balance entre los miembros, no quieren que haya un desequilibrio entre las distintas disciplinas artísticas. El Silencio Club debe ser un lugar para la fusión creativa y el nacimiento de nuevos proyectos artísticos.

Pero no te preocupes si no sos miembro. Podés entrar igual, después de las doce de la noche. No tenés acceso a la películas ni a los conciertos, pero te podés sentar a tomar algo (los precios de los tragos rondan entre los 14 y 18 euros)."

El Silencio Club, así como las peliculas de Lynch, no es para todo el mundo.

 

Crédito de las fotos: Alexandre Guirkinger/Silencio