Tercera entrega de nuestra investigación en Poesía

LOS CAMINOS PERDIDOS DE LA POESÍA III

"Moses from the Bible" Marc Chagall 

Por Natalia Litvinova y Javier Galarza - Poesía

Esta tercera entrega de "Los caminos perdidos de la poesía" consta de dos entradas que complementan el manifiesto, «La conexión Bizancio» y «Poesía las tormentas te serán útiles». Presentamos: 1. «Elogio de la transparencia» y 2. « La conexión Abya Yala».

Se recomienda leer las anteriores entregas de la investigación, aquí:

I Entrega 

II Entrega  

ELOGIO DE LA TRANSPARENCIA / GRIEGOS Y ACMEÍSTAS

A través de la historia de la poesía, distintos movimientos buscaron claridad en la palabra y contacto con el habla del pueblo. Proponemos a la generación griega del 30 y a los poetas rusos del acmeísmo como dos de los puntos más altos  de esa búsqueda.

«Sólo a ti se te concede, poeta, / Como si fuera un legado divino, / Este inmenso balbuceo…»  Nicolai Gumiliov

Escribe Yannis Ritsos: «Mis versos llevan gruesas botas / con varias hileras de clavos para resistir el camino pedregoso». Osip Mandelstam en su «Coloquio sobre el Dante», dice que, para una segunda lectura de «La Divina Comedia», será necesario proveerse de «un buen par de botas suizas con clavos, de esas que no se gastan».

Ritsos canta a la Grecia luchadora y sombría, al pueblo que no aparece en los manuales turísticos. Ve mayor movimiento del verbo en las clases bajas y esa es su lección para la poesía. «Una lengua viva. Orgánica», dirían los acmeístas. (1)

Y añade Ritsos: «Mientras la lengua de la ciencia es analítica, la lengua de la poesía es sintética, expresiva».

La palabra clara, en la caja de herramientas del artesano, es lo que buscaron los acmeístas. La claridad y la transparencia son virtudes de la generación griega del 30. (2)

¿Que nos falta para apreciar las potencias del Verbo? Volvemos a Gumiliov,

tal vez el mismo poeta nos indique la respuesta:

«Hemos olvidado que de todas las zozobras humanas / Sólo la palabra se encuentra iluminada / Y que en el Evangelio de San Juan / Está escrito que la palabra es como Dios. / Los hombres le hemos impuesto fronteras / Límites indigentes y pobres / y cual abejas / Las palabras muertas huelen mal»

Queda el desafío de una palabra viva. Recordamos aquella definición que Lacan hiciera  de la poesía: «violencia contra el uso cristalizado del lenguaje». (3)

(1) Escribe Anna Ajmátova, a manera de epígrafe de su «Réquiem»: «No, no estaba bajo un cielo extraño, / Ni bajo la protección de extrañas alas, / Estaba entonces con mi pueblo / Allí donde mi pueblo, por desgracia estaba».

(2) Leemos, en consonancia, estos versos de Yorgos Seferis: «Y si el viento sopla no nos refresca / y la sombra permanece angosta bajo los cipreses / y alrededor sólo cuestas de montañas; //nos pesan, / los amigos que no saben ya cómo morir».

(3) Odisseas Elytis escribe: «Brilla dentro de mí algo que ignoro. Sin embargo brilla// Ay belleza que nunca te entregaste por completo a mí. Algo pude arrebatarte».

"Tres personajes" Juan Batlle Planas

"Tres personajes" Juan Batlle Planas

 

LA CONEXIÓN ABYA YALA (1)

Queremos finalizar esta investigación mirando hacia esta tierra, situando los caminos perdidos previos a la conquista, abriendo una multiplicidad de potencias y sentidos a desplegar.

« Siempre recuerdo a un indio de Cuzco con una tira de piel o cuero,  llevando a la espalda un madero, cargado como una bestia. Nunca sentí dolor tan monstruoso: yo era del color de la conquistadores».  Miguel Ángel Bustos

Entre los poetas argentinos de la generación del 60, tal vez fue Miguel Ángel Bustos quien mostró mayor compromiso hacia su tierra originaria. Esto declara acerca del impulso que lo llevó a escribir su último libro, «El Himalaya o la moral de los pájaros», seis años antes de ser secuestrado por un comando paramilitar y de su posterior desaparición:

«Busqué construir una especie de códice, apoyado en textos y en dibujos. Lograr lo equivalente a un ideograma chino o japonés (2). Pintar el verbo es mi obsesión (3). Obedecemos a un idioma abstracto, como en todo el Occidente, no tenemos jeroglíficos, como los mayas. Yo quise que este libro se abriera y se leyera como los sacerdotes mayas o aztecas cuando abrían a pleno sol sus códices y leían las figuras o jeroglíficos trasmutados así: el dibujo era verbo, y el verbo dibujo. «Los sacerdotes aquellos que en la Casa de las Palabras abren ruidosamente los códices», dice un viejo poema maya». (4)

Bustos, visionario a la manera de Rimbaud o Blake, posa su mirada en nuestra tierra y elabora una compleja cosmogonía en su intento de lograr «un verbo accesible a todos los sentidos». «Toca el misterio a diario».

Las sinestesias y correspondencias se vuelven entonces algo más que un mero juego gramatical.

Dice Bustos: «quise crear un texto que tuviera el poder de encantamiento de los tamboriles indígenas. La velocidad de los golpes en el parche modifica el cuerpo a nivel vibratorio».

Leemos en «Celebración del lenguaje» de Adolfo Colombres: «En el África negra no existe una diferencia sustancial entre la poesía y la prosa, pues ambas se sostienen en la pujanza del ritmo. Lo poético parece quedar definido por la fuerza expresiva de la palabra, la que es condensada para alcanzar una mayor significación, sembrada de metáforas y sobre todo pronunciada con el tono adecuado. El poema es un «artefacto», una obra similar a la pintura y la escultura, pero de carácter sonoro».

Abrevamos entonces en la etimología de la palabra «texto», para volver a pensarla: proviene del latín «textus», participio de «texo», del verbo «texere» (tejer, trenzar, entrelazar) que el diccionario define como «enunciado o conjunto de enunciados orales o escritos». Entonces… tejemos-trenzamos-entrelazamos…

Hemos transitado la huida de los dioses articulada por Hölderlin y resguardada por Nerval. En este continente, ese «retiro» fue consecuencia de la devastación (4). La poesía crea otra forma de leer la historia, se articula entre vencedores y vencidos (5), vela y devela los restos y potencias del lenguaje. Y abre caminos donde nada más llega. Volveremos sobre estos temas.

 

(1)Abya Yala es el nombre dado al continente americano por el pueblo Kuna de Panamá y Colombia antes de la llegada de Cristóbal Colón y los europeos. Significaría «tierra madura», «tierra viva» o «tierra que florece».

(2)En ciertas escrituras, como la china, la japonesa o la nsibidi, determinados símbolos representan palabras o ideas completas, por ejemplo, en la escritura china el pictograma 木 (mù), que significa árbol, ya que representa la forma de uno, y 林 (lín) donde se dibujan dos árboles, lo cual se interpreta como «bosque».

(3)Podemos relacionar la búsqueda de Bustos con el proverbio oriental con que Alejandra Pizarnik encabezó su arte poética: «Un poema es una pintura dotada de voz y una pintura es un poema callado». Bustos y Pizarnik estudiaron pintura con Juan Batlle Planas. Ricardo Zelarayán destaca el criterio plástico de Juan L. Ortiz al mencionar lo absurdo de editar su obra reunida en forma de tomos pesados cuando el poeta «escribía sobre un grano de arroz».

(4) Tomamos por asociación estos versos del poeta Nezahualcóyotl (1431-1472):

«Como una pintura / Nos iremos borrando. / Como una flor, / Nos iremos secando / Aquí sobre la tierra».

«Con tinta negra borrarás / Lo que fue la hermandad, / La comunidad, la nobleza. / Tú sombreas a los que han de vivir en la tierra».

(5) Escribe el poeta mapuche Marcial Colin Lincolao:

«La poesía es un vicio que me duele / porque nació con sangre en la edad del hombre de madera / Mi poesía es un vicio que me duele / porque son palabras encontradas en los cementerios puestos en vitrinas / Son palabras enhebradas con huesos de muertos...»